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Las fuerzas terrestres en los conflictos de hoy y mañana Enfrentamiento armado de voluntades, la guerra engendra siempre la destrucción y el sufrimiento, pero su cara y su lugar en el mundo han cambiado. Es ante todo la eficacia política del enfrentamiento militar la que ha evolucionado, la destrucción del otro resulta con frecuencia una respuesta no adaptada a las situaciones de conflicto. La batalla, que hasta hace poco podía conducir directamente al éxito político, ya no es suficiente, ni es el signo de victoria o de fracaso final para los protagonistas. Su sitio ha quedado reducido a una primera etapa, violenta y breve, en el curso general de los conflictos cuya duración se alarga y para los cuales el establecimiento de las condiciones del regreso a la paz es decisivo. Después es necesario lograr la paz. La aparición de nuevos beligerantes también ha modificado profundamente ciertas características de la guerra ; alejados de las lógicas militares tradicionales, estos actúan y viven en las poblaciones que son a la vez actores y objetivos esenciales. En adelante, en el centro de los conflictos, éstas son una causa de preocupación principal de las fuerzas militares. Enfrentada a este cambio, la acción militar evoluciona. La capacidad de destrucción ya no es el argumento principal de una herramienta que ya no conduce directamente a la consecución del objetivo estratégico sino que únicamente participa en ella. Lo hace con un conjunto de actores que intervienen todos en el éxito o en el fracaso y con los cuales los ejércitos deben actuar y coordinarse. La articulación y el objetivo de las operaciones se han modificado. La intervención inicial en la cual la fuerza actúa generalmente con toda su potencia prepara ahora una fase de estabilización que es el centro del compromiso y la etapa decisiva, y se desarrolla esencialmente en el medio terrestre. El objetivo de ese documento, resultado de un trabajo colectivo de reflexión interno del Ejército, es presentar estas evoluciones principales que afectan profundamente a las fuerzas terrestres comprometidas en numerosos campos de acción. Desarrollan, dentro de sus compromisos, su plena eficacia en la solución de crisis que son más bien enfrentamientos de sociedades que luchas entre estados. En este nuevo contexto, el Ejército afirma y plantea una doble exigencia : la de la potencia y la del control de la fuerza.
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